It is la “chaconne” all along…, es decir, el barroco

Si no lo han leído, no dejen pasar un día más sin meterle mano a “Listen to this“, el último libro del crítico de música del New Yorker, Alex Ross.

Un poco de “serendipity”: mi primer encuentro con Ross fue totalmente casual, y ocurrió mientras pasaba las horas de la madrugada esperando que se abriera la puerta del avión que me llevaría de vuelta desde Mumbay a London (Ontario) después de un viaje a uno de los orígenes del Barroco. El título —”The Rest Is Noise”— me atrajo inmediatamente y el hecho de que fuera una historia de la música del siglo XX, de todo tipo de música, me alertó de la dificultad de una tarea así. Ahora ha sido la reseña en un periódico español de un libro que en inglés ya salió hace un par de años lo que me ha vuelto a llevar a Ross. Fui inmediatamente a comprarlo y además estaba de rebajas.

¿Sobre qué es “Listen to This”? Si quieren una rápida solución a esta pregunta, pueden ver el breve vídeo que el mismo Ross ha hecho. ¿Qué me interesa a mÍ. Creía que sólo algunos capítulos relacionados con mis querencias habituales (más sobre ello un poco más adelante), pero conforme avanzo en la lectura voy descubriendo un mundo de matices musicales y riqueza artística que pasa por la Sinfónica de L.A. y su antiguo director, hasta el carácter de RadioHead, y la importancia de Bjök en la escena musical más reciente.

El primer capítulo es un ensayo increíblmente rico, bien escrito y conceptualmente brillante acerca de la idea de “música clásica”, el daño que esa etiqueta ha hecho a la música y la historia misma de la apropiación de esa música y de sus connotaciones sociales por parte de una élite burguesa y snob a lo largo del siglo XX. Lo mejor es que casi palabra por palabra se puede aplicar a los conceptos de humanidades y cultura, que han sido despojados de cualquier signo de vida y los administra una élite de profesores e intelectuales a los que el giro computacional —o digital— ha cogido a pie cambiado. El último súper argumento para defender el territorio de las humanidades consiste en decir que allí, en ese espacio mágico ordenado por los sacerdotes del saber, se aprende a ejercer la capacidad crítica como en ningún otro sitio. Lo mismo que con la “música clásica”.

El segundo capítulo es sobre la chacona, el pasacalles y el lamento. Sólo me detengo en el hecho de que el origen de la chacona —lo que hay documentado— se remonta a un soldado español que a su regreso de Perú a fines del XVI hizo una lista de danzas inspiradas por el demonio entre las que se enconraba la chacona. Pero, dice nuestro aventurero, puesto que sus efectos en las caderas de los que escuchan una chacona son incontrolables gracias a los poderes de su inspirador, no hay que tener en cuenta los contoneos lúbricos de los danzantes.

A partir de su orgien barroco —indígena, negro, hispano, fiestero— la chacona recorre la historia de la música de los últimos siglos, es adoptada como una composición seria, reescrita por Bach, hecha “bass-driven dance”, incorporada en óperas y misas, fundida en los estilos rockeros más dispares. El texto de Ross me hizo pensar inmediatamente en uno de esos memes que estamos intentando rastrear en el Proyecto Barroco y que tienen en este simulador un lugar de pruebas culturales. ¿Será que el origen de lo barroco se encuentra en mezclas ocurridas en América y en Asia? ¿Será que sólo después los viajes de vuelta llevan lo barroco a Europa y lo “dignifican” hasta convertirlo en “el Barroco” europeo y clásico? ¿Será que “el Barroco” fue “lo barroco” antes?

Dice Ross: “When the chacona first surfaced, at the end of the sixteenth century, it promised an upending of the social order, a liberation of the body. The same outlaw spirit animates modern rock and pop: the swirl of a repeating bass line allows a crowd of dancing fans to forget, for a little while, the linear routines of daily life. When Frescobaldi and Bach recast the dance as a stern, inward-turned form, bending it toward lament, they hinted at a different sort of freedom, that of the individual defining himself in opposition to the mass. ‘Dazed and Confused,’ in its inner sections, implies a similar qust for self: the rwa drive of rock and roll gives way to spacey variations. It’s a big, brash rock anthem at heart, but, just as the dance abides in Bach’s chaconne, the lament lingers in the rock arena. Above all, the song demonstrates how the same deep musical structures keep materializing across the centuries. If a time machine were to bring together some late-sixteenth-century- Spanish musicians, a continuo section led by Bach, and players from Ellington’s 1940 band, and if John Paul Jones stepped in with the bass line of ‘Dazed and Confused,’ they might, after a minute or two of confusion, find common ground. The dance of the chacona is wider than the sea.”

¿Que no les interesa la música? No importa, este libro es sobre cultura, historia, sentimientos, el valor de la música…. Y además explica, en el segundo capítulo, por qué me gustaban Jimmy Page y Led Zeppelin cuando era adolescente: era “baroque heavy metal”… ¡Vivan las camisetas negras!

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5 Responses to It is la “chaconne” all along…, es decir, el barroco

  1. Quizás lo barroco están en los ojos del europeo que mira.

  2. Juan Rios says:

    Bueno, has tocado mi tema. Así que no me queda más remedio que comentar.
    ¿Por qué conjuga tan bien la música clásica con el heavy metal? Hay montones de ejemplos de grupos que incorporan elementos propios de la música clásica en composiciones de corte roquero. Los patrones creativos unidos al lirismo de las letras y la épica y pomposidad de las canciones heavy, comulgan perfectamente y crean un revisado estilo de metal sinfónico. Si la música clásica podía entrar en otro atuendo, sin duda este era el heavy metal. La grandilocuencia de este género comparte naturaleza con el barroco clásico y muchas de las características a nivel de estructuras.
    Desde los padres del metal neoclásico como Yngwie J. Malmsteen, Ritchie Blackmoore o Deep Purple, que se servían de las técnicas clásicas para desarrollar sus composiciones, pasando por las colaboraciones de grupos como Metallica o Scorpions con orquestas filarmónicas, hasta la más o menos reciente ola de metal sinfónico originada en Europa hace menos de 15 años. Bandas como Nightwish, Rhapsody o Dark Moor (estos últimos españoles) han llevado esta comunión a terrenos de perfecto “concierto”, empastando capas de armonías, incorporando voces líricas, instrumentación y barroquizando el estilo hasta convertir la guitarra eléctrica en un instrumento más de la orquesta.
    Por eso mismo entiendo cuando hablas de las connotaciones generadas de la “música clásica” y la creencia de pertenencia exclusiva a ciertos sectores de la sociedad.

    • Deep Purple eran mis favoritos, junto a Iron Maiden (y los locales Barón Rojo). A los nuevos que mencionas ya no los conozco pero va siendo hora de refrescarse…. Tienes toda la razón acerca de que muchos de estos grupos (más, parece, que en cualquier otro estilo, han grabado con orquestas sinfónicas).
      La idea de la grandilocuencia del género (del heavy) es genial.

      • Juan Rios says:

        Éste sería un buen comienzo de actualización. Este grupo graba sus discos con la Orquesta Filarmónica de Londres, encargada de la grabación de El Señor de los Anillos. En mi opinión, uno de los mejores en fusionar la música clásica y el metal.

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