6. Redes para pensar la cultura

Una red es una estructura formada por nodos que se conectan entre sí por medio de aristas o vértices. De las uniones entre los nodos así como del número de éstos y su organización emergen diferentes tipos de redes que dicen cosas diferentes acerca de la información que circula por ellas. Es decir, no todas las redes son iguales. Además, las aristas que conectan a los nodos pueden tener contenido, es decir, pueden contener una semántica determinada que responda al tipo de información de cada red —no es igual una red social que una biológica o que una red cultural. Las aristas también pueden tener valor o medida, de manera que no todos los vértices de una misma red, ni siquiera de un mismo nodo, tienen que tener los mismos pesos: unas aristas son más influyentes que otras.

Hay quienes piensan que la realidad tiene estructura de red y que el descubrimiento fundamental de la nueva ciencia de las redes es precisamente ese, el haber llamado la atención sobre una realidad en forma de red. Sin duda, en el avance de esta idea ha jugado un papel clave la formación de redes sociales y el solapamiento que gracias a internet se ha producido entre las redes sociales y la red de redes. Pero ciencias como la biología y la genética también han abrazado el paradigma de la red para compremder mejor entidades tan importantes como el ecosistema y el genoma. En el ámbito de las ciencias sociales y las humanidades, la sociología de internet ha avanzado mucho en la aplicación del concepto de red social a varios ámbitos. También en historia se han hecho algunas incursiones, aunque éstas no son mayoritarias. Por ejemplo, Cook y Lawrence publicaron en 2005 un innovador estudio sobre las redes musulmanas, mientras que los McNeill han usado el concepto de redes humanas para ofrecer una explicación de la historia de la humanidad. Las redes, en este caso complejas, también han servido para estudiar el lenguaje con resultados muy positivos.

La vinculación entre redes y complejidad es una de las máximas que Barabási abraza en su popular libro Linked. Y tiene razón, aunque los estudios sobre complejidad tienen en las simulaciones multi-agente otro importante aliado. Lo que Barabási viene a decir es que las redes son el instrumento más adecuado para comprender y estudiar las relaciones entre lo que ocurre a nivel local, en el ámbito del nodo, y lo que pasa o es producto de las relaciones con otras regiones de la red o de las relaciones globales. Parece razonable, pues, pensar que las redes son un instrumento útil para entender la realidad humana, y hacerlo tanto en sus dimensiones locales como en las regionales y en las globales. ¿Se pueden servir las humanidades de las redes?

La respuesta es sí. En tres niveles. Como herramienta conceptual, como instrumento de análisis, aunque para ello hay que hacer acopio de datos y almacenarlos en forma digital, es decir, estaríamos ante un humanista digital, alguien que sabe tratar con datos y con objetos además de con discursos y textos, y por último, como forma de visualización de aquello que se esté estudiando.

Como concepto, la red nos sirve para pensar las relaciones humanas y hacerlo a diferentes distancias y escalas. Esto se entiende fácilmente si pensamos en los cambios que para la comunicación humana y la formación de comunidades tuvo la imprenta y su efecto inmediato, la multiplicación del efecto de la comunicación a distancia o en ausencia.

Como instrumento de análisis, la ciencia de las redes —que todavía está en su infancia— ha desarrollado una serie de conceptos utilísimos como el coeficiente de “clusterización”, la centralidad, los “hubs” o los mundos pequeños, que ayudan a entender el comportamiento de las redes y de sus componentes a partir de la disposición de nodos y aristas. Según las disposiciones y las correspondientes medidas podemos entender cómo se comporta la información que circula por la red. Y recordemos que la cultura es información. Por poner un ejemplo, si tenemos una obra de arte o una serie de obras de artes, con sus creadores, títulos, temas, fechas de creación, estilos y otros descriptores —cuantos más, mejor—, podemos analizar cuáles son las relaciones de estas obras con otras más o menos cercanas en el tiempo y en el espacio y crear una categorización de géneros y estilos y una historia de la pintura en la que las obras y los autores se agrupen por regiones de la red de pinturas más amplia a la que pertenecen. Lo más importante aquí es que, para enmarcar en esta historia en red los objetos particulares, los humanistas tenemos que aprender a pensar la cultura también, aunque no sólo, a través de los datos, los objetos y los sistemas complejos.

El tercer nivel en el que las redes ayudan a pensar y analizar la cultura es el de las visualizaciones. Una visualización no es más que una representación o simulación —según la postura filosófica que se adopte acerca del problema de la representación y virtualización (más sobre esto en otro post)— de una realidad. La visualización se ha convertido en una de las áreas más interesantes de investigación en computación —por el desafío al poder de computación de las máquinas— y en artes —por la posibilidad de crear formas bellas a partir de cantidades inmensas de datos. En el mundo de investigación sobre las redes hay un movimiento muy interesante para crear redes cada vez más informativas y bellas a la vez.

Un ejemplo de este triple uso de la red para la investigación sobre la cultura lo tenemos en el trabajo que hacemos en el CulturePlex Lab sobre las redes de pintura barroca hispana entre 1550 y 1850. Lo primero ha sido trabajar durante años en la recogida de datos, que están disponibles en BaroqueArt. En BaroqueArt hay información bastante completa acerca de unas de 12.000 obras y más de 1.000 autores y esa información tiene muchos campos y numerosas formas de ser visualizada, con “timelines”, “exhibit”,  o mapas. Pero además, existen más de 200 descriptores que aplicamos a la especificación de características que nos permiten comparar grupos de obras. Y una forma de hacer eso es extraer la información y mostrarla en forma de red gracias a la gestión de los datos con un paquete de software llamado Gephi. En el caso que se muestra arriba, y cuya imagen completa se puede ver y navegar aquí, se trata de un simple corte de 25 años sobre el total de las obras. Los nodos son obras y las aristas son descriptores comunes a las obras conectadas por medio de ellas.

Simplemente, las redes proporcionan otra forma de entender la cultura.

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One Response to 6. Redes para pensar la cultura

  1. Pueden ver una versión navegable del grafo aquí: http://zoom.it/dfGd

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