5.2. Humanidades digitales 2.0: Los límites de un manifiesto

Para Todd Pressner (Digital Humanities 2.0: A Report on Knowledge), las humanidades digitales no sería más que “an umbrella term for a wide array of practices for creating, applying, interpreting, interrogating, and hacking both new and old information technologies. These practices—whether conservative, subversive, or somewhere in between—are not limited to conventional humanities departments and disciplines, but affect every humanistic field at the university and transform the ways in which humanistic knowledge reaches and engages with communities outside the university. Digital Humanities projects are, by definition, collaborative, engaging humanists, technologists, librarians, social scientists, artists, architects, information scientists, and computer scientists in conceptualizing and solving problems, which often tend to be high-impact, socially-engaged, and of broad scope and duration. At the same time, Digital Humanities is an outgrowth and expansion of the traditional scope of the humanities, not a replacement for or rejection of humanistic inquiry.”
Esta insistencia en el proceso por encima del producto final está presente tanto en las aproximaciones de Davidson como en la de los autores del Digital Humanities Manifesto 2.0, quienes afirman en su tesis 26 que “Process is the new god; not product. Anything that stands in the way of the perpetual mash-up and remix stands in the way of the digital revolution. Digital Humanities means iterative scholarship, mobilized collaborations, and networks of research. It honors the quality of results; but it also honors the steps by means of which results are obtained as a form of publication of comparable value. Untapped gold mines of knowledge are to be found in the realm of process.” Como se puede observar, las divergencias respecto a lo que se entiende por humanidades en el contexto en el que Fish habla de las crisis de las humanidades y el que proponen los defensores de las humanidades digitales son considerables. El carácter estático y cerrado del método humanístico basado en el estudio de la textualidad tiene poco que ver con la apertura radical y la adaptación metodológica constante que las humanidades digitales heredarían de las nuevas tecnologías y las nuevas relaciones sociales —open source, open access, authorship, collaboration, creativity, etc.— que aquellas provocan. ¿Dónde se puede encontrar un ámbito común?
El mismo manifiesto ofrece algunas soluciones basadas en el estudio de la complejidad y la adopción de la multidisciplinariedad como paradigmas de la investigación humanística en lo que describen como la segunda ola en la evolución de las humanidades digitales. Mientras que la primera fase habría sido fundamentalmente cuantitativa y basada en la creación y automatización de corpus lingüísticos y bases de datos y en la digitalización de colecciones de documentos , la segunda ola, en la que nos encontramos, sería “qualitative, interpretive, experiential, emotive, generative in character. It harnesses digital toolkits in the service of the Humanities’ core methodological strengths: attention to complexity, medium specificity, historical context, analytical depth, critique and interpretation. Such a crudely drawn dichotomy does not exclude the emotional, even sublime potentiality of the quantitative any more than it excludes embeddings of quantitative analysis within qualitative frameworks. Rather it imagines new couplings and scalings that are facilitated both by new models of research practice and by the availability of new tools and technologies.”

Mi visión de las humanidades digitales difiere de la propuesta en el artículo del NYT y se acerca a la propuesta en la versión 2.0 del Digital Humanities Manifesto. El problema de la propuesta de Cohen no se refiere a la dirección general y las virtudes del nuevo método, sino a la dependencia total respecto a la revolución de los datos y la pérdida de autonomía metodológica que esto supone. Si las humanidades se caracterizan por hacer preguntas que son relevantes acerca de la experiencia humana y asumir un modelo de investigación que es consciente de que todas las fases de la investigación están marcadas por la interpretación, entonces para tener éxito las humanidades digitales han de adoptar estos principios y añadir un tercero: la combinación de fuentes de información para aprovechar los sistemas de bases de datos que el humanista necesita para contestar a las preguntas que le interesan en función de un ámbito más o menos grande de la experiencia humana. Es decir, las humanidades no serán sólo ni principalmente disciplinas basadas en el estudio de la textualidad, pero tampoco exclusivamente en el análisis de datos cuyos patrones no elige el investigador sino que emergen de los propios datasets. Por el contrario, el diseño, la catalogación, el almacenaje y la extracción de información a partir de datos digitalizados serán partes del método humanístico, dentro de un proceso marcado en todas sus fases por la interpretación. Esto no resta poder a la fuerza de esos datos para proponer patrones inadvertidos y nunca anticipados, todo lo contrario, pero permite situarlos en un contexto específico en el que el ser humano puede hacer uso de ellos según lo que quiere investigar de la experiencia humana, según un contexto cultural, un área de cultura o una comunidad cultural. Es decir, estos patrones que emergen de los datos lo hacen en un contexto manejable para un humanista que seguiría siendo el intérprete y comunicador de esa experiencia humana a partir de una continuidad con una tradición de scholarship y transmisión de la cultura.
La cuestión es, entonces, crear las bases de datos que el proyecto humanístico estima necesarias para resolver los problemas propuestos y hacerlo con la calidad técnica y la consciencia hermenéutica necesarias para poder luego contextualizar el alcance de los patrones descubiertos y de las respuestas propuestas. Aunque el método de descubrimiento que propone el paradigma de la data revolution parece atractivo por sus conexiones con la intuición y la exploración que también son parte del proyecto humanístico, sólo aquellos con la destreza técnica suficiente —con un grado de alfabetización digital completa— para sumergirse en una maraña de datos y reconstruir las historias bibliográficas y los marcos teóricos en que estos datos tienen sentido —los contextos culturales— podrán sacar partido a tal método. Antes de que la alfabetización digital sea un hecho (y tardarán años hasta que las facultades de humanidades implanten currícula impartidos a partir de lo digital) es preciso promover la mayoría de edad digital de una generación intermedia que necesita partir de sus contextos y métodos de investigación pero que podrían convertirse en humanistas digitales mediante el uso de datos cercanos a esos ámbitos originales. Se trataría de humanistas digitales que aprendan a diseñar y construir sus propias bases de datos y se encuentren y entiendan qué es una tabla y una relación, que es un eschema, qué es una query y cómo se hace, qué datos se necesitan para resolver una determinada pregunta y cómo hay que almacenarlos.
Lo que se impone en este sentido es una naturalización tecnológica —going native with technology and digitation— mediante la creación de proyectos de humanidades digitales en investigación y enseñanza que partan de estos ámbitos locales y vayan propagando el paradigma a la vez que se produce la simultánea alfabetización de los grupos y generaciones relacionadas con estos proyectos. Estos proyectos —que han de tener como objetivo la creación de conocimiento nuevo y han de dirigirse a una audiencia organizada por medio de redes sociales y nuevos aparatos— sacarán lo máximo de la data revolution pero lo harán en un contexto humanísitico que reducirá las fricciones que impiden dar el paso hacia lo digital.
¿Cómo será el humanista digital de esta primera generación? Este humanista digital seguiría siendo a very cultivated intellectual with an excellent knowledge of her own tradition; she would be technologically autonomous; she would lead the latest process of what have always been the chaning humanities; and she would enhance our knowledge of the human experience across time and space thanks to the amounts of new available data and her ability to interprte them according to certain questions.

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One Response to 5.2. Humanidades digitales 2.0: Los límites de un manifiesto

  1. «Digital Humanities is an outgrowth and expansion of the traditional scope of the humanities». No podría ser más claro.

    Pero lo que más acertado me parece de todo el artículo es la mención de «la pérdida de autonomía metodológica». Entendido en el contexto de la data revolution, por supuesto. Pero es real. Si hace un siglo la máxima tecnología eran los libros, la archivística y la escritura y los humanistas la usaban brillantemente para sus labores, ¿por qué ese miedo irracional a usar las nuevas tecnologías? Tarde o temprano, las nuevas generaciones, no sabrán funcionar sin pulsar Ctrl+F para encontrar una palabra concreta en un libro. Es, de nuevo, una cuestión de adaptación. El humanismo clásico, el que sólo usa la tecnología del pasado, morirá con el último humanista. El humanismo nuevo, el digital, nacerá de manera natural con los nativos digitales.

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